Opinión. Por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren*

*Su Santidad  Francisco I en Colombia

Por Orlando Goncalves / @OrlandoGoncal

La visita del Papa Francisco a Colombia fue catalogada por analistas como un espaldarazo al proceso de Paz, pero apenas al llegar a tierras colombianas manifestó la real intención de su viaje. El vino a tener contacto con lo más diverso de Colombia, con esa Colombia profunda, olvidada y excluida, vino a decirle al pueblo colombiano que es la hora de la reconciliación y, sobre todo a decirle a los jóvenes que además de no dejarse robar la alegría, la esperanza y que les toca a ellos, los jóvenes, enseñarles a los viejos que si es posible perdonar y reconciliarse.

Es bueno recordar que, después de más de 60 años de guerra que dejo más de 6 millones de víctimas, más de 2 millones de desplazados –cifras sólo superada por el conflicto en Medio Oriente- y, más de 220 mil muertos, Colombia logra firmar los Acuerdos de Paz que pone fin a este conflicto. Pero, lo más difícil viene ahora que es la construcción de la Paz.

Con eso en mente, el Papa Francisco ha sido cuidadoso en cada palabra que pronuncia, pues sabe que cada una de ellas tendrá un gran impacto en la población en general, pero, analizadas con detenimiento, cada una de sus frases tienen un destinatario en específico.

Colombia en los últimos meses ha estado envuelta, como en muchos países de Latinoamérica, en el mega escándalo de Oderbrecht, donde resultan involucrados funcionarios públicos y políticos, pero, como si fuera poco días antes de la visita del Papa estalla otro escándalo, el de las altas Cortes de la Justicia, dejando muy mal parados a algunos honorables magistrados.

Escándalos que  han golpeado tremendamente la credibilidad del sistema y, como sucede en otros países, esos hechos de corrupción afectan la democracia, afectando su institucionalidad y,  peor aún, hacen que los pueblos pierdan la esperanza en ellas.

Adicionalmente, pese a la firma de los Acuerdos de Paz, Colombia sigue con muchas heridas abiertas por ese largo conflicto; reconciliar al ciudadano y comenzar a construir la Paz es el verdadero reto que tiene por delante el país.  Ahora esto no se podrá hacer si no se adquiere la cultura del perdón del que tanto ha hablado el Papa,  para luego pasar a la reconciliación.

Reitero, cada palabra, cada frase que Su Santidad ha pronunciado, tiene destinatarios muy precisos y, no hay manera de que no escuchen sus palabras, pues las ha dicho fuerte, alto y muy claro.

La dirigencia política del país tiene que escuchar –por algo tenemos dos oídos y una sola boca- y el mensaje es muy claro: “…Por favor, les pido que escuchen a los pobres, a los que sufren. Mírenlos a los ojos y déjense interrogar en todo momento por sus rostros surcados de dolor y sus manos suplicantes. En ellos se aprenden verdaderas lecciones de vida, de humanidad, de dignidad…”, “…llamo al perdón, la unidad, la justicia y a reivindicar a los marginados…”

Otro destinatario de las palabras de Papa Francisco han sido los jóvenes. A ellos les ha dicho: “Vuestra juventud los hace capaces de algo muy difícil en la vida: perdonar. Perdonar a quienes nos han herido. Es notable ver cómo no se dejan enredar por historias viejas, cómo miran con extrañeza cuando los adultos repetimos acontecimientos de división simplemente por estar atados a rencores”. “Ustedes pueden enseñarnos que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo; es saber que más allá de nuestras diferencias, somos todos parte de algo grande que nos une”. “Vengo también para aprender; sí, aprender de ustedes, de su fe, de su fortaleza ante la adversidad”. “En este día les digo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Nadie se la podrá quitar (cf. Jn 16,22). No se la dejen robar…”.

Ésta especial atención para con los jóvenes, no es más que una invitación a que asuman el reto de liderar los cambios que el país requiere, a que sean protagonistas de la construcción de su propio futuro. Es más, entre líneas podemos leer el mensaje de que critiquen, protesten, manifiéstense; pero, hagan algo más, involúcrense. Si no les gusta lo que ven, hagan algo y cámbienlo.

Hay que escuchar pero, también hay que hacer y, es mucho lo que falta.

Hay que escuchar, para eso tenemos 2 orejas y una sola boca.

 

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