Preservando pensamiento. Las dos caras del abismo

Por Lya Ortiz * 

Caminando por la cuerda floja, se hallan dos dimensiones a las que han sido sometidos muchos venezolanos dentro de las ambiguas realidades entre las que andamos. Realidades no muy distantes, solo por lo fáctico que llegan a ser los kilómetros entre las fronteras de los países. En los alrededores de la gran casa se encuentra la vecindad universal donde habitan cientos de venezolanos que partieron buscando establecer los cimientos de un hogar a lo lejos.

Ciertamente es el logro de muchos poder partir, pero dentro del gran abismo, pocos cuentan lo difícil que es lograr alcanzar cada uno de los pasos en el camino. De lado y lado se dan obstáculos, como lo es el peregrinaje diario que viven quienes son considerados inmigrantes mientras trabajan a diario, la caja que recibe puede que te cambie como puede que te destruya es un trabajo emocional y psicológico diario.

La cruz que se lleva no es solamente en el país sino también a lo lejos, muchos suelen señalar a los que se van como a los que se quedan, siendo incapaces de verse a través del espejo del abismo que nos hunde el egoísmo; nos alejamos tanto de sí, que nos transformamos, las gringolas no solo se llevan en Venezuela, se llevan a donde quiera que vamos, pues se llega a ser muy patriota pero también muy poco hermano, olvidando al amigo que está al lado por dejar que pase la misma roncha que se llegó a pasar cuando se establece de forajido a la casa nueva.

El abismo es tocar fondo, como cuando aquellos con su sesgo ideológico dudan en ver lo bueno y malo de cómo llegamos a estar frente a lo que como país podemos llegar a ser. Siempre recalco la importancia de que el crecimiento de un país no está solamente en quienes lo dirigen, sino en quienes lo habitan y quienes lo llevan como ciudadanos del mundo que son. No solamente destruyen las políticas, destruye el poco corazón y la falta de hermandad.

Se hace país ayudando al otro a caminar sobre la cuerda floja, dentro de cada problema que vivimos dentro de él como desde lo lejos, pues cuando se nos ha quitado tanto como hasta el piso donde hacer bases, es deber de cada quien ser capaces de llevar muchas veces la bandera de la hermandad que la del egoísmo, pero ya está en el corazón de cada quien. Ojala que no nos roben la mirada constante como citaba Silvio, pero lejos de todos esos ideales, más bien cercano a lo que es el no perdernos entre tanto que nos agobia el haber perdido los buenos valores que como país llegamos a tener algún día. Entre moralistas y optimistas hay que encontrarse.


*Lya Ortiz, politóloga mención Relaciones Internacionales, venezolana egresada de la Universidad Central de Venezuela, que a partir de hoy se suma a los columnistas de nuestra página web, síguela en el Twitter: @LyaIssa. Preservando pensamiento será publicada en nuestra página web todos los jueves. Te invitamos a leer lo que traerá Lya Ortiz en sus próximos artículos.

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