Preservando pensamiento. Un país que a diario se suicida y la educación fallece

Por Lya Ortiz * 

Me tome el placer de disfrutar de la lectura en búsqueda de la libertad que ofrecen las historias, y en páginas de un poeta venezolano saltó a mis ojos una frase muy conocida del Che Guevara “Cuando lo extraordinario se hace cotidiano, estamos en presencia de la revolución”, frase que después de 17 años en el país no falta para lo que nos rodea, nos convertimos prisioneros dentro del país que a diario se nos muere. Cómo se convirtieron en ataques de pánico el ver como otros sacan su celular dentro de las profundidades de un vagón del metro de Caracas, una locura que nos genera sudoración excesiva al ver como otro atenta contra tu seguridad temerosa en la esquina de ese mismo vagón mientras esas persona disfrutan alegremente de la poca sensación de seguridad que les queda ¡¿QUÉ LOCURA?! ¡Cómo se les ocurre! era todo lo que pasaba de lo imaginar lo peor. Lo peor de todo que la equivocada era yo, haciendo de algo extraordinario mi zona de confort mi hábitat de seguridad, donde si yo no arriesgo lo que me pertenece estoy bien, que equivocada, me deje arrebatar lo que por derecho me pertenece, como yo muchos.

Muchos equivocados, acostumbrados, matándose. Cansados. Ver el rostro de una señora mayor asustada recibiendo sol sentada en la acera a las afueras de un supermercado hizo que mi día arrancará diferente, en imaginar el rostro cansado de todo un país, que a diario se suicida, abre sus venas a la incertidumbre derramándose en cada lágrima del que parte y de aquel que se fue antes de tiempo de esta vida. Maltratada. Acabada. Bien se lo cuestionó el poeta Padrón al decir que a diario buscamos ese país, lo que determine es que como se encuentra si está en la tina del desasosiego, mutilandose a diario, haciéndose misma a diario, en nombre del dolor colectivo que produce el ya no saber qué esperar.

Mientras cuestionaba cómo revivir a un país que no le quedan ganas, una escena en particular de dos niños y un adulto, pequeños mendigando a muy pasadas las 6 de la tarde en Chacao provocaron el enojo de un joven que solo se encontraba esperando la llegada del próximo autobús, presencié los gritos en mute pero las expresiones en su rostro me impresionaron al ver como muere la educación, como perdemos a los niños. La educación fallece en esquinas, autobuses y vagones, donde no existe el pedir “permiso” ni el “hasta luego”.

Cuando nos vemos en estas escenas como sacadas de una película, nos vemos como actores de reparto a la espera de salvar de sus demonios revolucionarios a lo que nos queda de país. Semanalmente he recalcado el papel fundamental de los ciudadanos dentro cada esfera en la que hacemos vida ser protagonistas de lo que queremos ser, mejores venezolanos constructores de lo nuevo, patriotas desde cada rincón, que los problemas no nos sigan a lo lejos, que nos hagan mejores. Que lo extraordinario no se vuelva algo ordinario, recuperemos lo que alguna vez nos hizo sentir seguros y sobre todo orgullosos de ser venezolanos, pero de una Venezuela viva y no moribunda.


*Lya Ortiz, politóloga mención Relaciones Internacionales, venezolana egresada de la Universidad Central de Venezuela, que a partir de hoy se suma a los columnistas de nuestra página web, síguela en el Twitter: @LyaIssa. Preservando pensamiento será publicada en nuestra página web todos los jueves. Te invitamos a leer lo que traerá Lya Ortiz en sus próximos artículos.

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