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Preservando pensamiento. Las dos caras del abismo

Por Lya Ortiz * 

Caminando por la cuerda floja, se hallan dos dimensiones a las que han sido sometidos muchos venezolanos dentro de las ambiguas realidades entre las que andamos. Realidades no muy distantes, solo por lo fáctico que llegan a ser los kilómetros entre las fronteras de los países. En los alrededores de la gran casa se encuentra la vecindad universal donde habitan cientos de venezolanos que partieron buscando establecer los cimientos de un hogar a lo lejos.

Ciertamente es el logro de muchos poder partir, pero dentro del gran abismo, pocos cuentan lo difícil que es lograr alcanzar cada uno de los pasos en el camino. De lado y lado se dan obstáculos, como lo es el peregrinaje diario que viven quienes son considerados inmigrantes mientras trabajan a diario, la caja que recibe puede que te cambie como puede que te destruya es un trabajo emocional y psicológico diario.

La cruz que se lleva no es solamente en el país sino también a lo lejos, muchos suelen señalar a los que se van como a los que se quedan, siendo incapaces de verse a través del espejo del abismo que nos hunde el egoísmo; nos alejamos tanto de sí, que nos transformamos, las gringolas no solo se llevan en Venezuela, se llevan a donde quiera que vamos, pues se llega a ser muy patriota pero también muy poco hermano, olvidando al amigo que está al lado por dejar que pase la misma roncha que se llegó a pasar cuando se establece de forajido a la casa nueva.

Preservando Pensamiento. El fantasma del líder

Por Lya Ortiz *

Como fantasma se pasea por cada edificio, pared y cadena la voz de un fantasma, la voz de promesas incumplidas que comienza a levantar la venda de algunos pocos seguidores. Hace unas letras atrás recordé la condena de los venezolanos, la maldad de la consecuencia histórica acumulada en una serie de infortunios que nos han llevado hasta aquí la poca memoria del colectivo. Y en eso se convirtió ese fantasma, fantasma del líder, el gran mesías que llegó hace unos pasados 17 años con el mensaje de la tierra prometida para aquellos quienes su voz no era escuchada.

Pero no todos creen en los fantasmas, y es por eso que algunos juegan con la imagen del mesías que ya no está en función de mantenerse en constante embolsillamiento de promesas convertidas en dinero robado que le correspondía a muchos hogares y proyectos jamás alcanzados. Jugar con los muertos es malo, decía mi abuela, pero 3 años en eso llevaron a la peor de las crisis, a la barbarie de un sociedad engañada por mucho tiempo que ahora de verdad busca pedir que le devuelvan lo que les quitaron. Mientras en esquinas y en marchas constantes buscan seguir bajo el sueño de la ideología, a sus seguidores las brisas de la miseria les levanta de a poco la venda para que puedan observar la realidad bajo el país de las maravillas que se les pinto.

Preservando pensamiento. En trazos no se esconde ni el hambre.

Por Lya Ortiz

Constantemente en las últimas letras de estos pensamientos, se me han desbordado las ideas entorno al tema del hambre que se pasa a diario en cada esquina, pero creo que no hay más cotidianidad que se viva que ese viacrucis del venezolano. Aún más cuando nos suman obstáculos, pues si no portas con orgullo en el corazón a la revolución no eres merecedor de la bolsa de comida que se te otorgará una sola vez al mes; que cosas no, en algún vagón del metro en algún asiento, una joven llora de hambre, y las caras de la indiferencia no voltean ante su dolor.

No salgo de mi asombro, hace unos días pude ser espectadora de una escena que me dejó conmocionada todo el dia, en los fondos de Plaza Venezuela, en la salida hacia el maravilloso Boulevard de Sabana Grande, un pequeño artista vende sus obras desde muy temprano a todo aquel que se arroja al metro en camino a sus labores diarias. Trazos de un pequeño que expone en hojas blancas en un espacio de la estación para quien se solidarice sea capaz de ofrecerle algo a cambio de una de sus obras. Crudo y real, no es la primera inocencia que se pierde bajo la crisis.

Preservando pensamiento. Adaptación vs. Supervivencia

Por Lya Ortiz 

El punto de no retorno lo dejamos más lejos que aquella última lata de atún que tuvimos el gusto de comer. Ahora somos una nueva especie que vive su día a día entre la adaptación y la supervivencia. Como cual programa sacado de Discovery Channel observo a diario a todos los venezolanos que transitan el valle de balas a toda hora. Algunos en automático y otros avispados, eso sí, no se olvide de los amigos de lo ajeno quienes como única labor diaria salen a pescar cualquier pez que en el mar de gente se le atraviese, dejando al azar las pertenencias de algunos y las vidas de muchos.

Nos convertimos en la mejor película post apocalíptica, hurgando en la basura la poca dignidad que nos queda, a eso le llamo adaptación, a diferencia de lo que pueden muchos pensar. Ya que considero supervivientes a aquellos que mantienen en su corazón la fiel esperanza de recuperar el país que muchas veces perdimos, somos estos la verdadera especie en extinción.

Preservando pensamiento. Venezuela la inherente y la que aguanta.

Por Lya Ortiz *

Pasamos los días con la difusa fantasía de recuperar todo lo que hemos perdido como país. Hoy duele constantemente, en el pecho a la izquierda donde nos tatuaron la querencia en cada rincón del corazón. Dolor que atormenta. Es triste para mi ver como a diario tengo que lidiar con largas horas de debates en mi cabeza, que cuando voy por la calle y veo la mirada perdida de tres madres que caminan juntas, con el rostro bañado de hambre, de haber pasado largas horas en cola y falta de sueño, para ir a buscar a sus hijos al colegio donde los dejan mientras no están. Los rostros de los niños con ropas desteñidas y en llanto reclamando a sus madres el hambre que les acongoja. Somos la consecuencia histórica de un largo ciclo de no aprender que debemos construir ciudadanos y no súbditos.

Cuando observamos a los ojos de la gente el hambre, cuando también lo sientes horas antes de llegar a casa pensando: “que puedo resolver ahí pa´ comer”; que en lo visceral las ansias te gritan: ¡ESCAPA!, que la razón busca de algo que te haga pensar en otra cosa te tumba con noticias como pequeños muriendo por falta de medicinas. Tal vez somos pequeños niños atrapados dentro de cada uno de nosotros, temerosos a la ansiedad que genera caminar después de la hora saliendo del metro corriendo. Somos los niños de la juventud robada durante unos largos 17 años, los nietos de una sociedad que sin vergüenza no acepta que nos llevaron a esto, una consecuencia histórica tras otras.

Preservando pensamiento. Un país que a diario se suicida y la educación fallece

Por Lya Ortiz * 

Me tome el placer de disfrutar de la lectura en búsqueda de la libertad que ofrecen las historias, y en páginas de un poeta venezolano saltó a mis ojos una frase muy conocida del Che Guevara “Cuando lo extraordinario se hace cotidiano, estamos en presencia de la revolución”, frase que después de 17 años en el país no falta para lo que nos rodea, nos convertimos prisioneros dentro del país que a diario se nos muere. Cómo se convirtieron en ataques de pánico el ver como otros sacan su celular dentro de las profundidades de un vagón del metro de Caracas, una locura que nos genera sudoración excesiva al ver como otro atenta contra tu seguridad temerosa en la esquina de ese mismo vagón mientras esas persona disfrutan alegremente de la poca sensación de seguridad que les queda ¡¿QUÉ LOCURA?! ¡Cómo se les ocurre! era todo lo que pasaba de lo imaginar lo peor. Lo peor de todo que la equivocada era yo, haciendo de algo extraordinario mi zona de confort mi hábitat de seguridad, donde si yo no arriesgo lo que me pertenece estoy bien, que equivocada, me deje arrebatar lo que por derecho me pertenece, como yo muchos.

Muchos equivocados, acostumbrados, matándose. Cansados. Ver el rostro de una señora mayor asustada recibiendo sol sentada en la acera a las afueras de un supermercado hizo que mi día arrancará diferente, en imaginar el rostro cansado de todo un país, que a diario se suicida, abre sus venas a la incertidumbre derramándose en cada lágrima del que parte y de aquel que se fue antes de tiempo de esta vida. Maltratada. Acabada. Bien se lo cuestionó el poeta Padrón al decir que a diario buscamos ese país, lo que determine es que como se encuentra si está en la tina del desasosiego, mutilandose a diario, haciéndose misma a diario, en nombre del dolor colectivo que produce el ya no saber qué esperar.

Preservando pensamiento. Lo que no vemos

Por Lya Ortiz *

Lo que nos perdemos, ocupados y distraídos. Con ese pensamiento constante paso esta semana maratónica, pues nos vemos perdidos en pausa, día a día vamos problema tras problema con las gríngolas puestas y cansados; cientos de noticias que corren en las redes, no se encuentran ni las sonrisas.

Así dejamos de ver al frente y alzamos la vista al cielo, nos arrancamos las gringolas y un halo de luz se posó sobre nosotros generando sonrisas perdidas e intriga ¡¿QUÉ ESPERAMOS DIOS MIO?! alterados buscando algo que nos salve, he ahí el primer error.

He mantenido la fiel teoría que el primer error de los venezolanos es el pensar muy platónicamente que la solución a nuestros problemas es la llegada del Mesías, la historia lo confirma, el padre que cuida a su gente lo saca de las colas y atrapa a los malhechores; eso nos mantiene en un ciclo infinito de no ser los verdaderos protagonistas, en nuestras manos está recuperar el país y no esperar por mas nadie sino que nosotros mismos.