Caricuao: cuatro postales, tres retratos

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Por Luisana La Cruz / @luisacarola

Bala Fría, 16 de agosto de 2009 * 

Aguardaba con tranquilidad en un banco del boulevard de Caricuao, muy cerca de la estación del Metro y justo al lado del busto de Andrés Eloy Blanco, un homenaje “al poeta del pueblo”, cuando con un andar apresurado, casi corriendo, apareció Freddys Hurtado. En su rostro se nota el paso de los años, 62 para ser exactos, pues desde que vive en Caricuao, 1959, mucho antes de las edificaciones modernas, se ha dedicado a trabajar por la comunidad y especialmente por conservar los rasgos naturales que tiene la parroquia. Y eso da placer, pero también agota.

Caricuao es una de las localidades más jóvenes de la ciudad, pero su asiento es un territorio poblado desde el siglo XIX. Fue fundada como parroquia el 8 de abril de 1975 y desde 1898 funcionaba ahí una de las haciendas más antiguas de Caracas, La Hacienda Caricuao, que producía café, caña de azúcar, tabaco y añil; parte de esas plantaciones se conservan en algunas zonas de la parroquia: -Caricuao ha estado llena de historias, de tantas leyendas y tantos hechos históricos; cuenta Freddys Hurtado, actualmente, el cronista de la parroquia.

Freddys Hurtado es historiador, antropólogo, profesor e investigador de la historia local y cultural de distintas parroquias de Caracas como Macarao, Antímano y La Vega. Es presidente del Grupo de Investigaciones Históricas, Ecológicas y Ambientalistas Macarao, que trabaja desde hace cuarenta años en la investigación de la historia local.

Los caricuaenses en general viven una vida tranquila, algunos trabajan en la misma zona, bien sea dedicados a la comunidad, al servicio del sector público en los centros educativos o en las pequeñas o medianas empresas que se encuentran en la parroquia, hacia la zona industrial de Ruiz Pineda. Pero la mayoría de la población económicamente activa se levanta muy temprano para salir a sus trabajos o casas de estudios mucho antes de que se despierte Caracas, con el primer vagón que parte de la estación Zoológico o en sus vehículos propios que forman parte de la gran cola matutina de la autopista Francisco Fajardo en dirección al centro o al Este.

Los jóvenes se dedican la mayor parte del tiempo a actividades de recreación dentro de la misma zona. Caricuao es una comunidad exportadora de artistas y deportistas. Oscar de León dio sus primeros pasos en el sector UD-1 en la emisora radial Festival 66 y Cesar Monge, de la Dimensión Latina, se inició acá. También sigue trabajando desde hace 24 años el grupo Cumbre, dedicado a hacer investigación y trabajos culturales dentro de la parroquia y el grupo de danzas Travesuras.

En deporte, desde su parroquia natal, salió rumbo al norte Franklin Gutiérrez, jardinero central de los Marineros de Seattle y de los Leones del Caracas. “No podemos olvidar a ‘El Sabanero Porteño’, Ismael Ochoa, comenta Hurtado, quien durante más de 80 años se ha dedicado a la música folklórica”.

Siendo amante de la naturaleza y el medio ambiente, Hurtado prefirió para la nota dar un paseo por el Parque Zoológico de Caricuao, y allí soltó su primera confesión: detesta a los buhoneros que venden CD’s de música:

-Ellos contaminan el ambiente natural de la zona.

Los comerciantes informales se ubican en gran parte del boulevard, cercanos a la estación del Metro Caricuao. Este es uno de los espacios más transitados. Además de la música, los discos y las cornetas, también abundan los vendedores de comida “chatarra”, que producen una enorme cantidad de desperdicio que termina arrojada en la caminería.

Este parque Zoológico fue inaugurado el 31 de julio de 1967 y está ubicado en la antigua Hacienda Cafetalera Santa Cruz, otrora propiedad, ¿adivinan de quién? Del propio Cacique Caricuao. Todavía se conservan en el lugar algunas plantaciones de café y árboles frutales como mango, guanábana, naranja, poma rosa y limón.

-Preocupa algunas veces las condiciones en las que se encuentra el Zoológico, tiene deficiencias y con esa fritanga que se ha montado, no se pueden conservar los espacios naturales y la sanidad alimentaría, ¿quién controla esto?– dice Freddys mientras caminamos hacia la entrada del parque, sorteando heladeros, vendedores de globos y pintacaritas.

El Zoológico todavía se conserva en condiciones estables, pero hay algunos animales que han desaparecido con los años. Aún le faltan por desarrollar 594 hectáreas de la parte montañosa, en las cuales se pretenden rescatar las áreas verdes, exhibir más animales y contribuir, a través de la educación, a conservar el espacio natural.

Freddys Hurtado, a través del plan Caricuao Parroquia Ecológica, busca rescatar las áreas verdes de la zona, sobre todo en el Parque Vicente Emilio Sojo, que por su deficiente gestión administrativa se ha convertido en un botadero de basura y aguas servidas, además de la tala y quema que se ha hecho para construcciones ilegales, invasiones, que no sólo han tomado los parques, sino también algunos otros sectores no aptos para construcción de viviendas.

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El Parque Leonardo Ruiz Pineda está en las mismas condiciones, y por último está el Parque Universal de la Paz que ha sido invadido por la inseguridad, el tráfico de drogas y los “cirujanos de carros”.


En una moto recorre todas las zonas de la parroquia a diario, siempre anda corriendo de un lado para el otro, por eso usa una vestimenta muy sencilla: chaqueta, pantalones blue jeans y franelas son las más comunes, y la cabeza cubierta con una boina de pana, a no ser que deba asistir a un evento formal, como Jefa Civil de Caricuao. Se llama Judith González y aunque se define a sí misma como vocera del Gobierno Parroquial, no tiene tanto tiempo viviendo en la parroquia, pero ha trabajado constantemente por hacer de ésta una comunidad organizada, desde hace 12 años.

-Estoy trabajando en el Gobierno Parroquial que está incluido dentro del Plan Caracas Socialista, la idea es que el poder esté más cerca del pueblo, es decir, el poder popular– apunta con una sonrisa en los labios y ojos expresivos.

Judith González empieza su trabajo desde las 5:30 de la mañana y desconoce a qué hora volverá a su casa, los caricuaenses saben quién es y dónde pueden contactarla, porque es la persona que los ayuda a resolver determinados problemas, por eso su insistencia en organizar a la comunidad para “resolver de una forma efectiva todas las situaciones”, dice.

Es educadora y por su vocación, le preocupan los problemas de alcoholismo y drogadicción que hay en la zona, sobre todo en los más jóvenes, esta mujer es la líder comunitaria: “Hay que buscar las estrategias para bajar los niveles, con la formación y la comunicación de padres e instituciones. Hay que tener iniciativa y aprender a hacer las cosas bien para enseñar y orientar a la comunidad. Hacer el trabajo por gusto y no por obligación o manipulación”.


Ismael Ochoa, mejor conocido como “El Sabanero Porteño” en el mundo artístico y en Caricuao como “El abuelo”, sólo tenía 35 años de edad en 1954, cuando presentó su primer baile en Puerto Cabello, estado Carabobo, su ciudad natal. Estaba sentado en una esquina cualquiera de la ciudad y un grupo de generales le pidió acompañarlo para que bailara en la fiesta del señor Isidro Lama, uno de los importantes:

-Póngase las maraquitas en los pies y véngase, le dijeron.

Con los nervios calentándole el cuerpo se colocó las maracas, dispuesto a mostrar lo que había aprendido a bailar: “joropo tramao”. Con la mirada de los espectadores sobre él bailó, y a partir de ahí recorrería todo el estado Carabobo, luego Caracas, otros estados del país y algunas ciudades del mundo:

-No tenía director artístico ni mánager, esto es una cosa mía, espiritualmente.

Este artista venezolano nació en Puerto Cabello, un pueblo de la costa venezolana, el 17 de julio de 1919. A los 14 años se traslada a la capital a trabajar. Siendo un muchacho de familia muy humilde no tenía los recursos económicos necesarios para mantenerse, no realizó estudios más que de primaria, y se dedicó toda su vida a la música folklórica. Hizo trabajos de todo tipo: desde barrendero en las calles de Caracas hasta limpiador en las distintas empresas como emisoras radiales y fábricas de carros y galletas.

La mayoría de los años que le ha tocado residir en Caracas, lo ha hecho en Caricuao, llegó a la zona en 1931 y alquiló una casa con un maracucho, del que no recuerda su nombre, hasta que pudo adquirir su apartamento en la UD-7. En esta zona todos saben quién es el sabanero porteño, pero a él prefieren decirle “El abuelo, por la dedicación y cariño que ha tenido con los niños de la parroquia, a quienes ha curado de mal de ojo, culebrilla y fiebres extrañas, con remedios caseros y oraciones a su altar, formado por Jesús, el Divino Niño, Santa Bárbara Bendita y el San Miguel Arcángel.

En los próximos meses, el Gobierno Parroquial de Caricuao le ofrecerá un homenaje.


Desde que se fundó como parroquia, Caricuao ha estado en constante desarrollo. Inclusive se formó en marzo un gobierno parroquial, con sus propios reglamentos y leyes para organizar a la comunidad y resolver los problemas que agobian tanto a esta zona como a la ciudad en general. Este gobierno local está bajo la plataforma de la revolución socialista.

La parroquia cuenta con casi 150.000 habitantes, ubicados en unos 22.000 apartamentos y 29 barrios, es muy tranquila y el índice delictivo no es tan alto como en otras zonas de Caracas, aunque los malandros hacen de las suyas robando carros cuando menos se espera.

Desde el balcón de la estación del metro Zoológico se respira aire fresco, de un lado se tienen las montañas que bordean la parroquia, y del otro las edificaciones modernas construidas en los 70; no faltan los kioscos de los vendedores de periódicos y los vendedores ambulantes. De fondo, el ruido de los vagones del tren que lleva y trae, mañana y noche, a los ciudadanos que parten al trabajo o vuelven de él, como quien viaja a un pasado reciente y cotidiano que no pasa, porque siempre está presente.

*Bala Fría, nace de las ideas de trece talleristas reunidos en la sede del Instituto Cultural Brasil Venezuela, donde el análisis y la práctica sirvieron de estímulo para creer en otra forma de ejercicio para esto que llamamos nuestra profesión: la del periodista. Del buen periodista. Teníamos la necesidad de combate entre los grandes medios, públicos y privados, y la escasa credibilidad que esto representa al momento de registrar vidas, En Bala Fría -título mañoso y de doble lectura- resultado de la investigación y de testimonios arrojó un nuevo mosaico, otro más, sobre los rasgos mínimos de esa ciudad que insiste en levantar la cara para llevar la contraria. 

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