Los desterrados de Chávez

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Por Jorge Cajías/ @jcajias

Poco a poco empacaron sus cosas en silencio, sin alardes, y con los corazones encogidos de tristeza, se fueron del país casi quinientos mil de venezolanos durante estos largos catorce años, debido a fundados temores de ser perseguidos por motivos de raza, religión, pertenencia a determinado grupo social o por tener opiniones políticas diferentes a los que gobiernan. También se han ido para buscar seguridad personal de un país donde matan a dos venezolanos cada hora, atracan más de cien diariamente y secuestran veinte al mes. Igualmente para evitar ser expropiados por un régimen que no garantiza la propiedad privada y donde las libertades económicas son una fantasía. O simplemente para buscar mejores expectativas de vida.

En todos estos casos, estos ciudadanos no pudieron o no quisieron, a causa de dichos temores o necesidades, acogerse a la protección de un Estado que ha resultado ineficaz y que ha aceptado que Chávez fundiera todos los poderes en un solo poder. Quizás también porque ese mismo Estado fue indiferente cuando Chávez despidió a veinte mil empleados de Pdvsa, y cuando  asintió le aplicaran a una parte de la población planes de persecución y discriminación sociales, económicos y políticos mejor conocidos como la Lista Tascón y Maisanta. O porque sencillamente ese Estado ha sido incompetente y no ha protegido sus vidas o sus propiedades.

El destierro, que se utilizaba antiguamente como la condena inmediatamente inferior a la pena de muerte, es el castigo que han venido ejerciendo los que gobiernan contra ciudadanos que han sido obligados a dejar a Venezuela, como si hubiesen cometido un delito o una fechoría. Han sido expulsados de nuestro territorio mediante acciones contundentemente discriminatorias. Y una vez fuera de nuestras fronteras patrias, a esos venezolanos los han sancionado cerrándoles los consulados, como fue el caso de Miami, donde se les impide no solo votar sino además no poder obtener documentos de identificación; ni registrar los recién nacidos en el exilio forzado, violando con esto el principio universal a tener una nacionalidad; ni siquiera pisar ese consulado, que es territorio venezolano en el extranjero.
No ha faltado el discurso presidencial que emula aún más este destierro, cuando nos dice a los que estamos aquí y que hemos mostrado nuestro desacuerdo con todos sus desafueros, que nos vayamos de Venezuela, asignándose así mismo la condición de caporal de una hacienda, que despide a sus peones a su antojo. ¿Dónde se había visto que un presidente les dijera a los ciudadanos de un país en cadena nacional que se fueran si no les gustaba su gobierno?

Los desterrados venezolanos, exiliados y refugiados, han reforzado sus sentimientos personales, familiares y patrióticos en los confines de la tierra, pese a haberse comprometido con nuevos valores, conservando en su  memoria el recuerdo de su infancia, adolescencia, juventud,  su primer amor, sus primeros fracasos, su ciudad, su escuela y sus padres. Recuerdan también la terrible realidad que los impulsó  a su expatriación, comprendiendo a medida que pasa el tiempo el significado del sistema discriminatorio que abandonaron, y no olvidan jamás que Chávez es el responsable de su destierro.

Médico y Abogado UCV

El Universal, 01 de septiembre de 2012

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