Opinión. Con el hambre no se juega

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Por Pablo Quintero * 

Hoy en día, es más la cantidad de saqueos y protestas que soluciones presentadas para la crisis humanitaria que vive el país, según el Observatorio Venezolano de la Conflictividad Social (OVCS) se han registrado en los primeros cinco meses del año 2.779 protestas por alimentos, agua y electricidad, servicios básicos indispensables para el desarrollo humano y el bienestar social. Hay que señalar que de esta alarmante cifra, el 88% corresponden a saqueos en todo el territorio nacional y pese a la inflación de 180,9% la cual se calcula que llegará a 700% este año según el Fondo Monetario Internacional (FMI) aunado a la fuerte tensión que invaden las calles, el gobierno nacional solo apuesta a la confrontación política, la persecución y la depredación de la economía venezolana.

La exclusión social se ha convertido en la bandera roja que ha caracterizado al gobierno en los últimos meses dada la irresponsabilidad por no querer asumir el problema sino en contribuir al caos y pretender controlarlo. Según el último informe de PROVEA presentado en junio de este año el 80% de los venezolanos aseguran que su salario no es suficiente para adquirir los alimentos que necesitan y esto es sin incluir el área de la salud donde la situación es igual de crítica por la falta de medicamentos e insumos. Negar que existe una crisis humanitaria es cerrar los ojos ante una tragedia en desarrollo, millones somos testigos del gran fracaso de esta gestión y del llamado “proyecto revolucionario”, pero algunos aún insisten en jugar con la ficción y el hambre sin la garantía de una vida mejor.

El absurdo sistema de distribución de alimentos denominado CLAP o las llamadas “Bolsitas rojas” es una demostración de lo perverso que puede ser un gobierno corrupto y autoritario ya que nadie debe controlar lo que comes, cuándo, cómo y dónde. Es un insulto para la dignidad de los venezolanos que un grupito azote el estómago de millones de familias y que se pretenda la sumisión absoluta, pero a estas alturas eso no va a suceder. Las calles hablan y las protestas de todo tipo son una demostración del rechazo no solo hacia los populares CLAP sino también al arquitecto y heredero de toda esta tragedia, son más las protestas y más la represión pero cabe preguntarse dos cosas ¿A dónde vamos a parar? y ¿A dónde terminarán ellos?

La justicia para Venezuela tendrá que llegar con el cambio y eso debe ser de inmediato, será necesaria una depuración institucional que garantice un poco de estabilidad y gobernabilidad asumiendo las graves condiciones en las que estará el país después que pase este huracán. La mayoría de los venezolanos no solo esperan un revocatorio sino también una mejora inmediata a su calidad de vida, por lo que las decisiones políticas deben combinar lo pragmático y visionario para solucionar las carencias inmediatas y atacar los problemas de raíz. Garantizar los derechos humanos, la salud, la seguridad, la educación de calidad, la propiedad privada, la alimentación, el pleno empleo y un cierto grado de estabilidad política y social, son apenas los primeros pasos para recuperar todo lo que hemos perdido.Seguir adelante es nuestro compromiso y luchar por una Venezuela libre es nuestra obligación.


*Pablo Quintero, venezolano, politólogo, licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas mención Relaciones Internacionales Universidad Central de Venezuela. Quieres leer más de sus escritos, visita su página web: www.pabloquintero.com.ve, o síguelo en sus redes sociales Twitter: @qu1nteroml; Instagram: Quinteroml.

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